Un laberinto es una figura. Es tanto un juego como un castigo. Un desafío como un sinsentido. En un laberinto algunos se pierden, otros se encuentran y otros simplemente deambulan. Para todos ellos no hay entradas ni salidas, sólo caminos. No saben por qué están allí, tampoco saben si saldrán, no saben si encontrarán lo que no saben que buscan y mucho menos saben que no saben que buscan algo que no saben lo que es. Lisa y llanamente: se están buscando a sí mismos o a otros o a nadie.
jueves, 1 de diciembre de 2011
Diarios de Viaje
domingo, 20 de noviembre de 2011
Diarios de Viaje
XVI. José Enrique Palacios. Confitería La Alpina, Bariloche, una mañana como cualquier otra mañana de verano.
Sentado frente a un tostado de jamón y queso y un café con leche. Sólo me queda escribir en este diario antes de salir por la puerta de madera que estoy viendo. Antes de hacerlo voy a dejar en claro, ante mí mismo, un par de cosas. Se acaba de ir J. Me dejó con el sandwich a medio comer y a medio camino entre mi boca y el estómago, el café se enfrío, entre otras cosas que ya estaban frías desde antes. Aquel abrazo fue correspondido, sí, pero al parecer fue solamente eso, un triste, fuerte, caluroso y simple abrazo. Uno no puede vivir de abrazos, ni de sueños perdidos en algún lugar del tiempo, pero claro, eso recién lo puedo empezar a prefigurar ahora. Hay cosas que todavía no entiendo y quizás nunca lo haga. J es adorable y yo sinceramente un incrédulo. Me cuesta entender como uno puede ser presa de sus propios sentimientos y no poder salir de ellos. Así me siento hoy, una presa acechada por un buen cazador, por uno de esos cazadores que antes de matar al ciervo rezan una plegaria para pedir perdón por la acción que todavía no han cometido. Quizás para él haya consuelo (y está bien que así sea) pero, para la presa, jamás lo habrá. La vi salir hace unos momentos por la misma puerta que ahora estoy viendo y que en escasos minutos me verá a mi también atravesarla, y lo que pasó por esa puerta, rumbo a las calles todavía frías del verano incipiente, no fue una persona de carne y hueso, no fue un saco de huesos en un cuerpo (hermoso) de mujer, no, fue la sombra de algo que se rompió hace mucho tiempo, el chasquido de los dedos de Dios. Intentaré volver a verla, por todos los medios que tenga lo intentaré. Pero, aunque ya nadie crea en Dios, él sigue siendo implacable.
viernes, 18 de noviembre de 2011
Diarios de Viaje
miércoles, 9 de noviembre de 2011
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lunes, 7 de noviembre de 2011
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domingo, 6 de noviembre de 2011
Diarios de Viaje
lunes, 11 de julio de 2011
Diarios de Viaje
Veo poesía en todas partes, y como ahora veo la poesía puedo escribirla. En realidad no importa si uno la escribe o no, la poesía es, no existe. Allá donde rompen las olas hay poesía y acá donde los granos de arena se amontonan junto a mis dedos flacos también. Hay poesía en todas partes, la puedo ver en el atardecer, en ese inmenso sol-poesía que se oculta de a poco bajo el mar, como hundiéndose. Igual se hunde la poesía en algún mar. Entonces, también hay poesía bajo el mar.
Ahora que veo la poesía puedo decir lo que la poesía es: la poesía es poesía y más-que-poesía.